Se ha colmado la tarde de quietudes
tornándose en un manto de letargos…
Si hasta el mar, amainando su bravura,
cedió paso a ese tránsito cansino
de fantasmas silentes y al destino
que me asola inclemente, sin premura...
Con su ausencia de prosas, mi cuaderno,
y el blanco espacio, yermo, que lo manda,
no ha dejado lugar para esas ansias
que poblaban de versos el camino.
No ha encontrado mi numen la tibieza
de añorados recuerdos en las rocas.
Solo una bruma gris viene a su encuentro
tornándose en verdugo de mi prosa.
Este lábil encuentro, es un vacío
que estruja las ausencias en el alma
con un frío letal de versos muertos...,
de letras olvidadas en el alba...
Y mi espíritu no es más que esa gaviota,
en silencioso vuelo, por la umbría...
con la angustia flotando entre la bruma
y la ausencia de musas de este día...!
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