Hoy estuve silente, tal vez, despreocupado,
con toda esa apatía con que pasan los astros
en las noches serenas, cuando el cielo está claro.
Espíritu clemente. Hoy, no me ha desbordado
con aquella demanda que cargo como lastre
en la memoria aciaga de un amor del pasado.
Fueron tantas las horas, los momentos perdidos,
que transité la vida volviendo sobre el fasto
como una marioneta del adiós y el olvido.
Por esa incertidumbre y mi andar peregrino,
solo tengo unas letras, para abrigar mi alma
cuando vaya llegando el final del camino.
Porque después de todo, del haber padecido,
me queda como saldo, aquel eco insistente
de la liturgia vana que evoca lo que he sido:
Solo un duende extraviado, un fantasma aterido
por esa aleve duda encallada en el alma
de no saber, al menos, si tal vez me ha querido…
©Copyright 2007 "De Adioses y de Olvidos"
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